De compras afuera

Octubre 2, 2007 | Author: Jonathan Sanchez | Archivado en: Featured, Articulos

Via La Republica
Por Jorge Loayza

El aumento del precio del pan ha dejado al descubierto hasta qué punto somos un país que depende de los alimentos importados. Este año, por lo pronto, se importará mil millones de dólares en alimentos. Con ese nivel de subordinación, el alza de los precios internacionales de productos como el trigo o el maíz amarillo sin duda afectará la economía doméstica de los peruanos. La siguiente nota examina esta peligrosa dependencia y señala la única salida para mitigarla.

El pan nuestro de cada día no nace en la panadería de la esquina sino en las tierras de los productores de trigo argentinos y norteamericanos. En la mesa peruana la dependencia alimentaria empieza cuando abrimos la boca para ingerir el primer alimento de la mañana. Continúa cuando untamos un poco de mantequilla y tomamos un vaso de leche con azúcar. Y si a la hora del almuerzo elegimos una sopa con fideos o un plato de tallarines, le seguimos pagando al agricultor extranjero. El menú ya no es de casa sino internacional.

Antes de seguir revisando lo nativo y lo foráneo en nuestra ingesta cotidiana, echemos un vistazo a las estadísticas de los principales alimentos que el Perú importa. Estas registran un alza constante desde el año 2000, cuando se compraron alimentos del extranjero por 450 millones de dólares. Desde entonces, esa variable no ha dejado de elevarse.

En el 2005 compramos comestibles al extranjero por 746 millones de dólares y en el 2006 la cifra se incrementó a 880 millones. ¿Y qué compramos? Pues productos claves en la dieta diaria de los peruanos, como son trigo, maíz amarillo, arroz, azúcar, lácteos, soya y carnes.

Así, descubrimos que si en el 2005 se importó 209 millones de dólares en trigo, el año pasado esa cifra llegó a los 224 millones; en el caso del maíz, se elevó de 123 millones de dólares a los 172 millones. Salvo el arroz –cuya reducción de importación fue de 43 a 14 millones de dólares–, el resto de productos debieron ser importados en mayores cantidades.

¿Esas voluminosas cifras quieren decir que los peruanos estamos comiendo cada vez más? No, sucede que los precios internacionales de productos como trigo, maíz, soya y lácteos han sufrido una subida considerable, lo cual ha ocasionado que, por ejemplo, si hace un mes comprábamos ocho panes por un sol, hoy esa monedita solo alcance para seis panes.

El problema es que dependemos de la producción extranjera y nuestra seguridad alimentaria estaría en peligro. ¿Pero cuál es el factor que más influye en el incremento de precios de los productos que tienen mayor demanda en la alimentación peruana? Sin duda el alza es el resultado de la sustitución de los cultivos de trigo por los de maíz, soya y canola. ¿A qué se debe la sustitución? Pues que estos productos (maíz, soya y canola) sirven para la elaboración de bioetanol. La sustitución ha disparado el precio del trigo. Si a inicios de año la tonelada costaba 477 dólares, ahora se vende en 594 dólares. Y la creciente demanda de bioetanol tiene su origen en el incremento constante del precio internacional del barril de petróleo (que ahora está en 85 dólares y podría llegar hasta 100). Frente a estas alzas, el bioetanol se ha presentado como la alternativa económica y ecológica. Pero para producirlo es necesario sustituir cultivos. El trigo, entonces, se hace más escaso y por lo tanto más caro.

El principal problema es que importamos alrededor del 90% del trigo que consumimos (1 millón 250 mil toneladas) mientras que solo producimos unas 150 mil toneladas. Cada año el mercado peruano requiere de un millón de toneladas de harina de trigo, de las cuales 650 mil se destinan a la industria panificadora, alrededor de 290 mil a la de fideos y cerca de 60 mil a la de galletas. Se estima que los peruanos consumimos anualmente unos 25 kilos per cápita de pan.

Mientras el consumo de productos derivados del trigo importado aumenta constantemente, el de la papa ha decrecido. Si hace veinte años se consumía 120 kilos per cápita al año, hoy solo nos servimos 87 kilos. Un dato que resulta una cruel paradoja: algunas cadenas de comida rápida importan –¡a nuestro país! ¡que es la cuna de la papa!– variedades de ese tubérculo que les resultan más rentables y que recién se están desarrollando aquí.

El analista del Centro Peruano de Estudios Sociales (Cepes) Juan Carlos Moreyra señala que solo en el primer trimestre del 2007 el monto de importaciones de alimentos se incrementó en 30% por el alza de los precios internacionales. “Esto representa una pérdida de divisas considerable, pero también una mayor carga para el consumidor final. Si el gobierno no hace nada para proteger el mercado local o dar incentivos a los productores nacionales, las alzas van a continuar”, sostiene Moreyra.

¿Qué comemos?
Nuestros problemas alimentarios no se terminan a la hora del desayuno. El maíz amarillo duro también ha sufrido un constante incremento de su precio. Ahora la tonelada se cotiza sobre los 165 dólares, cuando el año pasado fluctuaba entre los 135 dólares. El Perú importa maíz amarillo duro por un monto de 172 millones de dólares. ¿Y cómo influye a la hora de sentarnos a almorzar? El maíz es el principal alimento de la industria avícola, esa que cada día le pone una sabrosa presa de pollo en el plato.

Entonces, con una producción local de maíz amarillo duro que solo abastece el 35% de la demanda nacional, resulta explicable el alza del precio del pollo en los últimos meses. El tema es que el pollo es la carne que más se consume en el país (28 kilos per cápita al año) mientras que el pescado –a pesar de haber una gran variedad de precios, incluso más bajos que la popular ave– solo llega a los 18 kilos.

Las subidas de precios de productos como la soya –que sirve para la producción de aceite vegetal– y la de los lácteos (que se ha elevado sobre los 3 mil dólares la tonelada métrica) también elevan los precios de una variedad de productos de gran demanda en bodegas y mercados. Felizmente, en el caso del arroz (cada peruano come 50 kilos al año, el promedio más alto de Latinoamérica) y el azúcar, la producción nacional permite la autosuficiencia. No obstante, el año pasado importamos 100 millones de dólares en azúcar. Es que nuestro consumo per cápita de este último producto no es bajo, se encuentra en 32 kilos anuales cuando la media mundial solo es de 21 kg/hab/año.

Para Fernando Cillóniz, analista en temas agrarios, estamos pagando las consecuencias de haber permitido el ingreso irrestricto de productos agrícolas subsidiados durante más de treinta años. Esta apertura, sin restricción alguna, ha cambiado nuestros hábitos de consumo hacia derivados del trigo en desmedro de la papa y de otros productos locales. “En los últimos años el precio de productos como el trigo se ha elevado y esa alza nos agarra ahora con un alto nivel de dependencia… Creo que estamos reaccionando un poco tarde”, advierte.

Otros analistas y el propio gobierno coinciden con Cillóniz. Esta semana el Ejecutivo anunció medidas para estimular el aumento de la producción nacional de trigo. Los productores locales indicaron que con un buen incentivo estarían en condiciones de reemplazar hasta el 50% del trigo importado. Es decir, llegar a un equilibrio que nos haga menos dependientes de lo que se produce afuera, como sucedió con Chile.

Pero el tema de la seguridad alimentaria también está relacionado con el desarrollo de la agricultura en la sierra. El desafío es que se tendría que cambiar los hábitos de consumo para revertir la enorme demanda de los derivados de la harina de trigo que, en el caso de las zonas andinas con los fideos, ha llegado a un alto nivel de penetración, desplazando a productos nativos. Este cambio implica elevar el consumo de papa y de otros tubérculos como mashua, oca, olluco y yuca, además de los cereales andinos que actualmente se producen básicamente para el autoconsumo como la quinua o la cañihua.

“Me gustaría ver al gobierno y a los empresarios nacionales incentivar el cultivo de trigo y cereales andinos. Además, el precio internacional del trigo es muy atractivo. Lo que se debe hacer es mejorar las semillas. Y en el caso de la soya también debemos cultivarla porque tenemos déficit en oleaginosas”, sostiene el especialista Cillóniz. Es la hora de pensar en un “voluntario” y nada traumático cambio de hábitos de consumo. De lo contrario, nuestro grado de vulnerabilidad en materia de seguridad alimentaria tarde o temprano nos podría pasar la factura.

Voz de la FAO
En el Perú existen condiciones para evitar una dependencia absoluta de alimentos importados porque podemos producir la mayoría de ellos. Sin embargo, no estamos en condiciones de hacerlo ahora, con los patrones de consumo que prevalecen en el país, como el caso de la alta demanda de trigo, sostiene el representante del Fondo Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (FAO) en nuestro país, Luis Castello.

Menciona, por ejemplo, que si hubiese una política destinada a sustituir la importación del trigo por granos andinos, eso permitiría que productores de zonas altas empezaran a incrementar sus cultivos para abastecer el consumo nacional y se detenga cualquier peligro de inseguridad alimentaria.

xygoxen

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Greg Talley wrote on Noviembre 13, 2008 - 4:10 am | Visit Link

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